martes, 30 de junio de 2015

El encuentro

     La pena recorre tu cuerpo, tu amor es cada día más efímero, esa noche te sientes tan estúpido que no sabes aun si seguir sentado o emprender la marcha.
     La cuadrada mesa, la calle rodeada de caminantes, el sonido del tango volando entorno a los dos, las pocas luces que emergen del corazón del bar, la temprana y vacía hora, y tu alma rota procesando el sin sentido de la vida.
     La existencia estaba ya perdida. Por aquello que habías luchado estaba esfumado por propias y erróneas decisiones. Cuan difícil resultaría pensar en tales circunstancias, en las que la juventud ya no era una esperanza sino una maldición de anhelar los pormenores de las poesías soñadas, de las novelas y las cartas de amor.
     ¿Esas sonrisas regaladas eran solo otra mentira?
     La primer cerveza ya coronaba la mesa de arrabal y los vasos apenas limpios ahora eran panaceas de la desnuda noche. Un violín de fondo daba el pie para beber, y el cigarrillo que condimentaba las sonrisas ya se había acabado.
     Su voz era tan suave y rasposa que apenas se comprendía, pero parecía algo familiar, digno de entender sin esfuerzo.
     La mente aun no estaba centrada, y el corazón cada vez más herido. Pero los aditivos de la vida, esas salidas fáciles e ilegales que tanto sabías usar estaban empezando a ser tus aliados de esa hermosa noche, y de tantas otras.
     Levitas del suelo. El primer frío era ya un pasado, la incómoda silla de madera era un fino sofá de lectura, como el que tienes, y amas, en tu cuarto, las penas desaparecieron, aquella divina mezcla, aquel coctel celosamente combinado borró todo pasado, aunque fuera por un momento, un hermoso momento que tenías el derecho a disfrutar, aunque fuera una última noche, de amor sin preocupaciones, de pasión pleno de satisfacciones.
Sentiste la necesidad de plasmar tu vida por completa, y tuviste su atención y preocupación por un momento, pero aun más importante sabías que para él nada de eso importaba, y que tu historia era de una eterna hermosura, tan común como cualquier otra.
     Esa noche en tu mente nunca terminaría, y la prologarías sin duda una eternidad, capaz de todo, despreocupado desde el inicio, esa eterna hermosura que llaman vida, esa hermosa oportunidad de ser feliz se había presentado, sin títulos, sin tildes ni promesas, vacías u reales.
     Sus miradas se encontraban a cada instante, y la pasión de arrojarse sobre la vereda y recorrer sus cuerpos desnudos, besarse con pasión, y sentir el calor de la creación; el mundo no existía, eran tan solo dos almas al denudo compartiendo una noche de su vida.

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