jueves, 9 de julio de 2015

CCB

          Te acordas cuando te llevé al Borges, y éramos uno en dos, y nos miramos bajo esa cúpula a los ojos vidriados de amor, juntamos nerviosos nuestras manos, y el silencio se transformó en una tonada tan tierna y dulce como la miel, y me dijiste susurrando - no puedo creer esté tan enamorado de vos - y yo ilusionado por la felicidad no pude más que reír y apretar tu mano, fuera esta respuesta suficiente. Bueno. Ojala eso nunca hubiera pasado. No siempre es mejor haber amado.

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