Un espacio confidencial, armónico y
emocional convida a unos pocos a celebrar el arte como emoción, el
teatro como acción, y las actuaciones como catarsis de nosotros
mismos.
Pez Dorado presenta "Tanto agua,
tanto fuego", y de esta forma no solo una obra, sino la
expresión misma de los sentimientos, una sensación mágica y
especial.
La sala con calor de hogar, con
ternura y candor, nos presenta sin distracción una pequeña área
donde la historia se desarrolla en una mezcla de tranquilidad-pasión,
de acción-evación.
Sumergidos ya en la trama, en la
acción, el montaje escénico, que consta con pocos y específicos
elementos, nos introducen a un escenario real y natural, con el cual
se puede interactuar sin estar en escena, por lo simbólico del
mismo, y lo cercano a la vez.
Sus protagonistas no solo interpretan,
ellos sientes, sufren, expresan, y comprenden lo que en la escena
sucede, como si el libreto y sus diálogos no tuvieran una
preexistencia. Aunque sin duda lo tiene, por su conflicto natural,
que cierra y abre un círculo perfecto, una historia sin espacios
vacíos, u vicios inútiles que intenten forzosamente captar al
espectador.
Es "Tanto agua, tanto fuego"
una expresión del sentido de pertenencia, el intento del hombre por
buscar su polo, el conflicto al que es capaz de sumergirse, hasta
donde las relaciones humanas pueden soportar, y sin duda una apuesta
a la mentira y verdad a si mismo, y al ser que nos rodea.
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