Estabas sentado en la esquina de mi cama, tu cama, nuestra cama, ya no se como llamarla, hablaste, pero yo sin comprenderte asentía constantemente, repitiendo las últimas palabras de tus enmarañadas frases en forma de pregunta, con la intención de que te sintieras interesante.
Salí de la habitación más temprano de lo habitual, tu compañía generaba en mí una horrible desconfianza, como si yo supiera que estabas tramando hacer algo contra mi,
Nada tenía sentido, la negatividad que en mi mente se generaba estaba segura de la inutilidad del futuro, salí a la calle para ya no regresar, no ser visto, y que el océano me tomase por última vez.
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